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HISTORIAS DE ADOLESCENTES. LA ASERTIVIDAD DE MARÍA, EL DESENLACE

Montse García

Citando al gran Rabindranath Tagore, ¿quién no ha tenido alguna vez sentimientos parecidos y ha deseado poder actuar de otra forma?:

“Quería decirte las palabras más hondas que te tengo que decir, pero no me atrevo, no vayas tú a reírte. Por eso me río de mí mismo y desahogo en bromas mi secreto. Sí, me estoy burlando de mi dolor, para que no te burles tú.

Quería decirte las palabras más verdaderas que tengo que decirte, pero no me atrevo, no vayas a no creerme. Por eso las disfrazo de mentira y te digo lo contrario de lo que te quisiera decir. Sí, hago absurdo mi dolor, no vayas a hacerlo tú.

Quisiera decirte las palabras más ricas que guardo para ti, pero no me atrevo, porque no vas a pagarme con las mejores tuyas. Por eso te nombro duramente y hago alarde despiadado de osadía. Sí, te maltrato, de miedo a que no comprendas mi dolor (…)”.

Otras citas que invitan a la reflexión

” Si quieres ser respetado por los demás, lo mejor es respetarte a ti mismo. Sólo por eso, sólo por el propio respeto que te tengas, inspirarás a los otros a respetarte”. Fedor Dostoievski

“La asertividad… está diseñada para defenderse inteligentemente. Cuando la ponemos al servicio de fines nobles, la asertividad no sólo se convierte en un instrumento de salvaguardia personal, sino que nos dignifica”. Walter Riso

“No tenemos por qué asociarnos a personas que no nos hacen bien, y que nos obligan a pensar que no somos lo suficientemente buenos, y que, si trabajamos duro y somos mejores, tal vez algún día podamos ser suficientemente dignos. Ésa no es la clave… Es hora de decir: Esto me perjudica y debo dejarlo”. Melodie Beattie

“Así como nos sentimos amados e importantes cuando alguien nos defiende y nos cuida, de igual manera la autoestima sube como espuma cuando nos resistimos a ser sacrificados, utilizados o explotados”. Walter Riso

“Al trabajar con alguien, mi criterio principal es este: ¿le fortalece o le debilita?… De repente me di cuenta de que este era un criterio importante. Pude observar en mí mismo lo que me fortalecía y lo que me debilitaba. Y he visto que todo aquello que debilita, también impide la solución”. Bert Hellinger

“Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no”. Gabriel García Márquez

MaríaEse era un buen día para María, tumbada boca arriba en su cama miraba al techo mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa amplia, luminosa, que llegaba hasta sus ojos dándoles un aspecto feliz.

Su mente vagaba y regresaba a aquellos angustiosos momentos en los que su madre le pidió que fuese a ver a Marta, la psicóloga, para ayudar a solucionar un problema familiar que estaba causando preocupación y ansiedad a su padre y a su madre. María pensó en negarse, pero al instante se dio cuenta de que era su oportunidad de obtener ayuda sin necesidad de pedirla.

Hacia ya un tiempo de aquello, y ahora ya nada era igual. Su vida había mejorado a ojos vista, tenía nuevos amigos y su confianza en ella misma aumentaba día a día. Ahora ya era capaz de mirarse al espejo y aceptarse, al menos un poco más que antes, y reconocía que sabía hacer muchas cosas que antes ni siquiera valoraba de sí misma.

Regresó de nuevo a sus recuerdos con Marta, con ella mantuvo varias conversaciones, algunas fueron difíciles. Al principio María se negaba rotundamente a admitir que necesitaba ayuda, incluso pensó que aquello era una encerrona. Afortunadamente el apoyo de sus padres y la paciencia y habilidad de la psicóloga lograron quebrar sus defensas marcándose a partir de ese momento  un punto de inflexión.

Recordó sobre todo el entrenamiento de asertividad que Marta le recomendó y que realizó con un grupo de adolescentes de su edad. Marta conducía el grupo y ahora, con la perspectiva que da el tiempo, tenía que reconocer que además de aprender mucho, también se divirtió.

Marta le explicó que las sesiones se realizarían en un ambiente relajado y protegido en el que María no debía tener miedo ni vergüenza. Ella no tendría que hacer ni decir nada que no le apeteciese y si en algún momento quería abandonar la terapia era libre de hacerlo siempre que cumpliese el compromiso de asistir a las dos primeras sesiones.

El primer día entró en la pequeña sala y creyó que iba a morirse cuando vio cinco pares de ojos mirándola de arriba abajo. Y no sólo eso, sino que tres pares de esos ojos pertenecían a ¡chicos! “¡oh Dios mío, qué vergüenza tan terrible!”. Menos mal que rápidamente intervino Marta yendo a su encuentro con una amplia y cálida sonrisa, sus manos extendidas hacia ella ayudándola a sentirse mucho más segura.

Tras romper el hielo Marta les explicó que generalmente las personas tenemos tres estilos diferentes de comunicación, el pasivo, el asertivo y el agresivo. Aunque estos estilos no son puros, generalmente predomina uno de ellos sobre los demás. María recordó la explicación que hizo Marta de estos estilos:

Pasivo. Este estilo lo tienen las personas que no defienden sus intereses (como yo, pensó María), que no expresan sus sentimientos verdaderos, que creen que los demás tienen más derechos que ellos mismos y no expresan desacuerdos. Muchas personas adoptan este estilo porque de ese modo no se suele recibir el rechazo directo de los demás, aunque es bastante probable que los demás se aprovechen de uno. Las personas que se comportan de manera pasiva presentan sentimientos de indefensión, resentimiento e irritación.

Asertivo. Estas personas consiguen sus objetivos sin dañar a los demás. Se respetan a ellos mismos pero también a los que les rodean. Actúan y dicen lo que piensan, en el momento y lugar adecuados, con franqueza y sinceridad. Tienen autenticidad en los actos que realizan, están seguros de sus creencias y tienen la capacidad de decidir (yo quiero ser así, caviló María para sus adentros).

Agresivo. Las personas de este estilo no tienen en cuenta los sentimientos de los demás. En casos extremos padolescentesterapiaueden acusar, pelear, amenazar, agredir e insultar (María pensó en Mónica y Quique). Es verdad que a estas personas nadie las pisa, sin embargo en el fondo nadie las quiere a su lado.

Marta les dijo que todas las personas podemos ser asertivas. La cuestión es que no todos lo somos en el mismo tipo de situaciones ni en el mismo grado. Por lo tanto, el objetivo del curso era conocer los derechos asertivos, desmontar las creencias erróneas que se tenían sobre las situaciones y aprendiendo y practicando ciertas técnicas maximizar el número de las situaciones en las que comportarnos con asertividad.

Después Marta les dijo a todo el grupo que en ellos seis predominaba el estilo pasivo y que esto les había llevado a tener ciertos problemas con su autoconcepto y autoestima. Incluso algunos de los cambios de comportamiento que habían tenido estaban propiciados por la dificultad que encontraban en negarse a las demandas de otras personas.

María observó como cada uno de ellos bajaba la vista y asentía casi imperceptiblemente cuando Marta les estaba diciendo aquello, ella también por supuesto. ¡Cuantos problemas le había causado el no saber decir no! ¡Qué rechazo tenía hacia sí misma por mantener ese comportamiento que no le gustaba nada!

Otra cosa que les dijo la psicóloga que a María le llamó mucho la atención y que en el fondo la animó a participar fue que en realidad la asertividad no era otra cosa que una muestra de una buena autoestima. Así que, al finalizar la formación, todos ellos sabrían si había funcionado observándose a sí mismos y dándose cuenta del incremento de su seguridad en sí mismos y su autoestima.

¡Qué contenta estaba ahora María de haberse quedado a las sesiones de Marta! Por su mente pasó el día en que la psicóloga les explicó las primeras técnicas asertivas que iban a practicar entre todos y que una vez asimiladas les ayudaría en su día a día a afrontar las demandas abusivas de sus compañeros, a decir no cuando querían decir no, o simplemente a realizar peticiones de un modo adecuado cuando creyesen que era el momento de hacerlas.  

Recordaba María con una sonrisa en los labios las explicaciones de Marta.

“La técnica del disco roto o rayado. Se trata de repetir vuestro argumento una y otra vez sin alteraros ni entrar en provocaciones con la otra persona hasta que ésta se dé cuenta que no logrará nada con ellas. Cuando dominéis esta técnica os daréis cuenta que no es necesario atacar al otro para defenderos y que incluso podéis llegar a dar la razón en ciertas cosas sin que vuestra dignidad se vea afectada. Porque es importante que sepáis que tenéis derecho a insistir en vuestro punto de vista.

Ejemplo: Unos amigos os ofrecen tabaco, drogas o alcohol. Los amigos insisten en que debes “enrollarte” para ser parte del grupo, que no pasa nada, que todos lo hacen, etc. Aquí lo importante es insistir en el “No quiero” y ellos deberán respetar esta decisión.

Amigo: Tío/tía ¿qué te pasa, eres pavo/a o qué?

Tú: No, simplemente no quiero.

Amigo: Venga, que te estás perdiendo toda la diversión, mira que bien nos lo estamos montando nosotros.

Tú: Ya, pero no quiero.

Amigo: Qué van a decir de ti los demás. Si eres un cagado/da y no te atreves no vendrás más con la pandilla.

Tú: No me importa lo que digan, no quiero tomar drogas ni fumar. Si quieres otro día nos vemos.”

“La técnica del banco de niebla. Como la frase indica es como si las palabras entraran en una nube protectora y no resuenan en tu interior haciéndote sentir culpable o desdichado. Con esta técnica durante una discusión le das de cierta forma la razón a la otra persona y aparentemente parece que estás cediendo. Sin embargo, el otro acabará dándose cuenta de que tampoco cambiarás de opinión si no quieres hacerlo.

Ejemplo: Dos amigas que discutieron y que se han reconciliado. Sin embargo Sara ha decidido no seguir dejándose manipular por Carmen. Carmen es egoísta y manipuladora y por medio de comentarios agresivos siempre le hace desprecios a su amiga.

Carmen: ¡Qué gorda estás!

Sara: Sí, es verdad podría estar más delgada (banco de niebla).

Carmen: Deberías ponerte a régimen.

Sara: Sí, tal vez comiendo un poco menos estaría menos gorda (banco de niebla).

Carmen: Bueno y no olvides el deporte.

Sara: Sí, a lo mejor me decido por alguno (banco de niebla).

Carmen: Pues yo te aconsejo que te decidas ya porque francamente estás gorda.

Sara: Sé que podría estar más delgada…(banco de niebla).

Ensayad el banco de niebla y os daréis cuenta de que se reduce vuestro sentimiento de culpabilidad o ansiedad que sentís cuando os critican y os ponéis a la defensiva. Es importante que cuando apliquéis la técnica mantengáis un tono de voz sereno y reflexivo porque si vuestras palabras suenan duras o burlonas, la otra persona puede sentirse agredida”.

“La pregunta asertiva. Se trata de conseguir más información por parte de la persona que os está criticando, independientemente de que sus intenciones sean buenas o no, además os permitirá descubrir si esta persona os está dando un consejo o se trata de una manipulación.

Ejemplo: Observad esta escena entre dos hermanas que están discutiendo, Pilar y Lola.

Pilar: No seas tonta, no te pongas ese vestido, no te queda nada bien.

Lola: ¿Por qué piensas eso?

Pilar: Se te notan los michelines.

Lola: Pues cuando me lo compré hace dos semanas no pensabas eso.

Pilar: Ya, pero ahora es distinto, además ese color no se usa por la noche.

Lola: ¿Por qué no?

Pilar: Porque te quedaría mejor un color oscuro.

Lola: ¿Por qué?

Pilar: Porque tú eres más seria.

Lola: ¿Más seria respecto a quién?

Pilar: A mí, por ejemplo. Ya te he dicho muchas veces que a mí me funciona bien con los chicos estar siempre sonriente. Además visto a la moda, por eso me han invitado también el viernes a una fiesta.

Lola: ¿Tienes una fiesta el mismo día que yo?

Pilar: Sí, ¿qué casualidad no?

Lola: Ah, y como crees que a mí no me va bien este vestido, tú lo podrías usar ¿no?

Cuando la crítica es malintencionada o se lanza sin pensar, la otra persona pronto se quedará sin argumentos. Mientras que si está fundada en una reflexión puede que incluso nos ayude a modificar algo de nuestra conducta. En cualquier caso, si empleamos la técnica rompemos los esquemas de nuestro interlocutor porque no respondemos con agresividad a su crítica ya que sólo nos limitamos a preguntar.”

De pronto el sonido del teléfono interrumpió las cavilaciones de María y acto seguido su madre llamó a la puerta de su habitación diciéndole que Elena (una buena amiga que conoció en el curso) quería hablar con ella.

María saltó de la cama rápidamente y fue hacia el salón para atender la llamada de su amiga Elena mientras su madre mirándola con un gran cariño dibujaba una sonrisa feliz en su cara.

NOTA FINAL
Quisiera destacar el hecho de que un entrenamiento de asertividad consta de más elementos de los que aquí se reflejan.
Estos relatos no tienen el ánimo de ser exhaustivos lo que se muestra son unas pinceladas de uno de los formatos de entrenamiento en asertividad y algunos de los beneficios que se pueden obtener a través de ellos.
Para todas las personas que estén interesadas en profundizar en este tema os dejo alguna bibliografía sobre asertividad, en alguna de las cuales me he basado para escribir la historia de María.
Los diálogos que aparecen en las técnicas descritas están extraídos casi en su totalidad de la “Ficha de Asertividad. Programa de desarrollo personal y mejora de las habilidades” de Disca@pnet.
Castanyer, Olga (2004) La asertividad: Expresión de una sana autoestima. Desclée De Brouwer. Bilbao.
Costa, Miguel y López, Ernesto (1994) Manual para el Educador social. Volumen 2. Afrontando situaciones. Ministerio de Asuntos Sociales. España
Dyer, W y Waine, D. (1990) Tus Zonas erróneas. Edit. Grijalbo
Elías M., Tobías S y Friedlander B. (2002) Educar con Inteligencia Emocional. Plaza Janés. Barcelona
Grose, Michael (1999) Niños felices. Cómo conseguir que su niño crezca sano y feliz. ONIRO. Barcelona
Palmer, P. y Alberti, M. (1992) Autoestima. Un Manual para Adolescentes. Promolibro-Cinteco. Valencia
Smith, Manuel (2003) Sí, puedo decir no. Enseñe a sus hijos a ser asertivos. DeBols!LLO. Barcelona
Taylor, Jim (2004) Motiva y estimula a tus hijos. Cómo educar a tu hijo para que tenga éxito y sea feliz. EDAF. España
Trevithick, Pamela (2002) Habilidades de Comunicación en intervención social. Manual práctico. Narcea. Madrid.
Vallés Arandiga, Antonio (2003) Curso de habilidades sociales, competencia social, asertividad. PROMOLIBRO. Valencia
Voli, Franco(1994) Autoestima para padres. Manual de reflexión y acción educativa. San Pablo. Madrid
Trevithick, Pamela (2002) Habilidades de Comunicación en intervención social. Manual práctico. Narcea. Madrid.
Vallés Arandiga, Antonio (2003) Curso de habilidades sociales, competencia social, asertividad. PROMOLIBRO. Valencia
Voli, Franco(1994) Autoestima para padres. Manual de reflexión y acción educativa. San Pablo. Madrid


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HISTORIAS DE ADOLESCENTES. LA ASERTIVIDAD DE MARÍA II : No apagues tu luz María…

Montse García

“Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales, hay fuegos grandes, fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire con chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”. Eduardo Galeano . Esta frase está dedicada a mi querida amiga Lurdes, es una de sus favoritas.
 “No hay ninguna razón para sufrir. si eres consciente, puedes rebelarte y decir: ¡Ya Basta!”  Dr. Miguel Ruiz
 
 

LA ASERTIVIDAD DE MARÍA 2

Durante unos minutos interminables estuvo María intentando decidir si debía llegar a las nueve y media, hora de regreso estipulada por sus padres, o bien infringir esa norma, exponiéndose quedarse sin salir con sus amigos durante una semana, pero tal vez ahorrándose un castigo mayor…

Descubrió que tomar una decisión con la cabeza ida y el estómago revuelto se estaba convirtiendo en una tarea sumamente difícil…uff… qué hacer…

Sus amigos seguían riendo yadolescentesfumando divirtiéndose a su costa. -Ay “ratita asustada”, ¿qué te harán tus papás si te ven colocada? Jijiji, jajajjaja. María los quería enviar a algún sitio nada agradable, por ejemplo a la mierda, sí, ese sería un buen sitio para su panda ese día…Aunque de nuevo surgió aquella vocecilla dentro de ella que le decía, ¿quién eres tú para decir esas cosas a tus amigos? ¿y si esto significa la expulsión del grupo? ¿cómo podré sobrevivir en el instituto si ellos no me dejan estar a su lado?…pero ella no era nadie para enfrentarse de ese modo a Marc, ni a Silvia, ni a Pedro, ni, ni.

Así que, una vez más, María se tragó las ganas y su congoja y siguió aguantando la lluvia de tonterías que sus amigos estaban diciendo sobre ella y todo ello con una sonrisa en la cara, al menos eso le parecía a ella…

No podía ya con tanta presión, por lo que, a pesar de lo que le dictaba su sentido común, decidió llegar a su casa a las nueve y media y que pasase lo que tenía que pasar…Mejor era que la castigaran dos meses sin salir que aguantar a los cantamañanas de sus amigos riéndose de ella.

Eso decidió y eso hizo, se despidió de sus amigos incapaz de pedirle a ninguno de ellos que la acompañaran a casa, ella estaba mareada y no se encontraba bien. Tampoco ninguno se ofreció a acompañarla, demostrando una vez más, una considerable insensibilidad y despreocupación por el bienestar de María.

Se arrimó a la pared para que ésta la ayudase a mantenerse recta y tiró hacia delante, mientras un nudo de tristeza se formaba en su garganta. ¡Qué poquita cosa era que ni siquiera era digna de la preocupación de sus “amigos”! Pero al menos la dejaban ir con ellos…

Y al fin llegó a su casa, eran las nueve y veinticinco ¡menos mal!, llegaba a tiempo, al menos el riesgo que estaba corriendo de que sus padres la vieran en ese estado servía para algo…

María entró deprisa, saludó desde la puerta del salón a sus padres diciéndoles que venía muy cansada, dijo que no quería cenar, que prefería acostarse pronto y descansar para estar bien mañana.

Y sus padres, ¿se creyeron esta excusa de María?, pues no, claro que no, ellos también habían sido adolescentes y no eran ningunos “carcas”, además conocían a su hija muy bien. Ella no era así, su comportamiento llevaba algún tiempo siendo muy extraño, estaban preocupados y necesitaban saber a qué atenerse para poder ayudarla. Ellos pensaban que esta situación ya trascendía a la propia etapa por la que atravesaba, la adolescencia.

La niña estaba triste siendo de natural alegre, se la veía muy retraída y casi siempre rehuía la mirada de sus padres. No hablaba casi nunca de sus amigos, ya no les enseñaba aquellos dibujos y textos tan creativos que ella solía hacer. La ropa que ahora usaba era cada vez más ancha, deforme e insulsa, como tratando de utilizarla para esconderse detrás de ella. Su rostro y sus ojos ya no transmitían aquella chispa tan característica de su hija.

Por otra parte, y aunque probablemente María no lo sabía, al entrar a su casa el salón quedó inundado por un fuerte olor a marihuana que sus padres identificaron inmediatamente. Ella tenía 14 años y sus padres no podían quedarse de brazos cruzados contemplando como su hija coqueteaba con las drogas a esa edad tan temprana. Este detalle fue la última gota, el motor que les impulsó a entrar en acción. Aunque Antonio y Maribel quedaron muy preocupados por ese detalle decidieron no tomar represalias contra María, primero había que averiguar el problema de fondo, después ya veríamos…

Solos de nuevo, los padres de María conversaron esa noche largo y tendido. Decidieron llamar al día siguiente a una psicóloga de su confianza que en otras ocasiones les había ayudado a superar otras dificultades de sus vidas.adolescente triste

Tras tomar esa decisión, Antonio y Maribel se tranquilizaron un tanto, Marta les ayudaría, y seguro que podían hacer algo para que su hija María volviera a ser la niña alegre y creativa de antaño. Su máxima aspiración como padres era ver a su hija feliz.

Mientras tanto María, tendida en su cama de cualquier manera, lloraba profusamente de un modo silencioso y blando, como sacando fuera de sí toda esa pena que sentía por ella misma en esos momentos. Se sentía fatal, pero fatal del alma no del cuerpo. Sus amigos la habían dejado marchar sin ni siquiera preocuparse un poquito por ella, ¿sería eso normal o tal vez es que ella era una pusilánime que se preocupaba por cualquier cosa?

Añoraba a sus padres, ellos la habrían abrazado y comprendido, la habrían consolado y después la habrían animado a sentirse mejor y a luchar por todas las cosas maravillosas en las que ella creía. ¿Y qué le impedía acudir a ellos si sólo los separaba una pared?….¡Mierda de día! Ya no era una cría, tendría que aprender a salir de esto ella sola…